EL HOMBRE FELIZ NO TENÍA CAMISA: DE LA CRISIS AL CAMBIO.
Que nadie se asuste. Este artículo no tiene intención de hablar de la crisis económica, o al menos no directamente. Nos vamos a acercar a un aspecto colateral, un aspecto que puede ser más importante de lo que pensamos a la hora de recuperar a la sociedad de este trauma que ha supuesto el derrumbe de un sistema en el que permanecía desde hace veinte años.
Si se fijan ustedes en estos dos años hay un concepto que aparece tímidamente tras las cifras del paro, de la caída de la bolsa, o de la subasta de la deuda pública. Nos referimos a la pérdida de confianza de la ciudadanía. Claro que no es de extrañar con los apocalípticos mensajes que día a día escuchamos, que nos traen y nos llevan como balsas en medio de una tempestad. Porque no sólo aquel que ha perdido su empleo nota angustia, sino aquellos que tiene asegurado su sustento entran en esa espiral de desmotivación. Un dato nos golpea en toda la cara: el setenta por ciento de las personas están poco contentas o descontentas con su trabajo.
Esa es la triste realidad. Somos una sociedad totalmente desmotivada, incapaz de encontrar otras salidas que la queja continua, mientras esperamos que los distintos gobiernos nos ayuden, que para eso les votamos cada cuatro años.
Pero ¿y cada uno de nosotros? Somos seres individuales y supuestamente libres, que podemos optar por quedarnos en un rincón y lamernos las heridas o dar un paso al frente y decidir salir. Ya, ¿pero cómo? Conociéndonos a nosotros mismos, sabiendo que las soluciones nacen de dentro afuera. Pongamos un ejemplo. Una persona que se ha quedado sin trabajo, se convierte en un demandante de empleo, es decir alguien que va pidiendo, solicitando…. ¿Por qué no piensa que es alguien que tiene algo que ofrecer? “Es que yo apenas tengo experiencia laboral”, dicen algunos. ¿Y tu experiencia vital, tus valores, tu capacidad para afrontar las distintas circunstancias? No somos capaces de ir más allá de unos estándares recogidos en unas líneas y que hablan de estudios, cargos e idiomas, olvidándonos de las capacidades personales, mucho más importantes, nacidas de nuestra construcción como personas. Y nos convertimos en un número más frente al funcionario que igualmente desmotivado nos alarga un impreso de demanda de empleo.
Aprovechemos esta crisis para empezar a cambiar esos parámetros tan manidos. No podremos cambiar el modelo de sociedad sino empezamos por cambiar nuestra manera afrontar la realidad. Aferrarnos a modelos caducos es alargar lo inevitable.
Seamos capaces de saber lo queremos hacer de nuestras vidas. Si nos motivamos afrontaremos los problemas materiales con más seguridad, aumentará nuestra autoestima y sobre todo seremos más mucho más felices.
Y recuerden que el hombre feliz del cuento no tenía camisa.
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Elena Muñoz Formación y Comunicación Brenan, Consultores. |
Juan Carlos Rodriguez |
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Coach personal y Empresarial Avanza Coach |